Cuando era cachorro, a este simpático perrito se le congelaron las patas en un charco helado, por lo que hubo que amputárselas para salvarle la vida. Luego, su veterinario, que lo adoptó, organizó una colecta para comprarle dos prótesis traseras. Se adaptó tan bien a ellas que la empresa fabricante decidió regalarle las dos restantes. Y ahora, habiendo recuperado plenamente su movilidad, está tan feliz como se le aprecia aquí. Un conmovedor hecho, sin duda.
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